CUIDADORA DE SUELAZOS

A muchos la vida les pone el pie y les empuja… solo para ver como se caen y lo más importante, como se levantan.

Unos caen parados, como si tuvieran sangre de gato. Otros han aprendido a caer, así que cual karateca entrenado caen «redondito» y no paran… solo hacen maromas y de alguna forma terminan parados y siguen caminando.
Otros, menos experimentados, en esto del beso asfáltico… caen tan estrepitosamente que se quedan fusionados con el piso, tratando de recobrar el aire. Otros solo caen. Unos ponen las manos primero. Otros la jeta.

En esto de los «estilos» del suelazo, algunos tenemos una larga experiencia. Nos caemos: de jeta, de panza, de rodillas, de espalda, de ladito, de cabeza, con manos, sin manos, ojos bien abiertos, ojos cerrados, piruetita, con trampolín, de espaldas, torcida de tobillo, etc

Lo bueno de la experiencia en los suelazos a los que te empuja la vida, es que aprendes, cambias, creces y te levantas.

Este año el levantarse es un reto. No todos tenemos la bendición de aún contar con un equipo de cheerleaders que te dan la mano incondicionalmente. No todos tenemos ese grupo de amigos con los que se puede contar. O esa familia, que pase lo que pase te va a tomar de la mano.

Los «amigos y una parte de la familia», a veces toman distancia del «sueleado». Vayan a suelearse ellos también. Y no vale que nadie te vea en el piso o dándole una mano al que se fue de jeta. Vaya a ser contagioso…

En esta Navidad, no va a estar la persona que cura el suelazo con un besito en el ayayay. Esa que te cuida, te guía, te bendice y sobretodo te da donde te golpeaste para que aprendas y ahora sí llores por algo.

No va a estar, quien ha visto todos mis estilos de suelazos y con mertiolate en mano, curó mis heridas a punte amor y cáscara de huevo para que no quede cicatriz.

No va estar quien curó los primeros suelazos de mi hijo… solo que a él no le daba encima para que aprenda, sino que le abrazaba, le daba dulces, y de una forma genial le iba arrastrando por el piso en una sábana… jugando al avión que volaba rapidísimo. Y eso si me daba a mí por si acaso se vuelva a caer el guagua.

A veces siento el calor de su amor dándome fuerza para levantarme de este suelazo. Dicen que cuando pierdes a tu mamá es el dolor más grande que vas a sentir… algo comparado solo a cuando una mamá pierde a su hijo.

A veces lloro… por que extraño su presencia… y lo único que puedo pensar es GRACIAS.

A veces sonrío porque siento su presencia en cada detalle de la casa donde crecimos, y cuando mi hijo me dice extraño abuelita y está en mi corazón.

Todos tenemos la certeza de que si nos caemos… mamá va a estar ahí para cuidarnos. Este año aprendimos que no hay planes ni certezas. Que hay este momento. Que las flores se dan en vida. Que acompañar es el mejor regalo.Y yo aprendí a agradecer cada segundo que tuve con mi mamá y que mi hijo tuvo con su abuelita.

Cuando te pegas suelazos hay un momento de dolor en el que te preguntas cómo vas a sobrevivir… y de una u otra manera se nos escapa un «mamita ayuda» y es que es oficial que las mamás son oficialmente las mejores cuidadoras en caso de suelazos.

Mi «cuidadora» está en el cielo con el amor de su vida… mi héroe, mi papá. Y sé qué está sensación de calor constante en mí, además de ser la pre menopausia, es el amor de mis papás y una voz eterna me dice que todos esos suelazos y cicatrices fueron la manera de prepararme para ser la nueva «cuidadora de suelazos»

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