Nos conocimos cuando yo tenía unos 14 años… el era mayor por 2 años… y yo aún no se si me amó y si le amé. Tal vez no sabía amar.. tal vez a esa edad no se ama. Tal vez nunca aprendí como amar. Estuvimos juntos por años, casi nos casamos… pero habían tantas mentiras, tantos engaños, tantas inseguridades.
Terminó un día mientras estábamos almorzando en el Spaghetti, yo estaba «saliendo» del mayor desastre de mi vida. Pero esa es otra historia, otro cuento que tal vez algún día cuente o el vez ya fue y eee dolor no lo quiero recordar más.. porque me ha perseguido por demasiado tiempo.
Terminó con un gesto que en ese momento me aclaró la vida… solo para ponerme en camino de uno de los peores errores de «mi vida». Que desastre.
Estábamos ya comprometidos. Yo estaba comprometida no solo con el si no conmigo misma, en retomar mi vida junto a él… en construir algo bueno, algo para siempre. Hasta que en ese almuerzo salió el tema de mi maestría, y de la aceptación de la beca.
El me miró y me dijo… » si te vas, si tu aceptas, te olvidas que yo existo…»
Él me conocía de toda mi vida. Creo que sabía que tener una maestría era un sueño casi imposible de conseguir para mí. Y lo había logrado. Tenía la beca, tenía la oportunidad y era el momento de cambiar de ambiente después de que banco en el que trabajaba y donde amé trabajar cerraba sus puertas.
Y solo me miró con esos ojos que amé mirar… y de una forma tan fría me cortó las alas… me limitó. Y ya había tenido suficiente de tipos que me querían imponer su vida sin importar la mía. Así que me saqué el anillo… lo dejé encima de la mesa y aguantando las lágrimas, con el alma destrozada… me paré y me fui.
Ya había perdido demasiado de mí… como para perder el último sueño que en ese momento me quedaba. Era tal vez el último acto de rebeldía que me devolvía por momentos mi libertad…
Y tuve miedo de que si no me iba, si no hacia algo por mí… iba a perderme a mi mismo para siempre…
Llegué a mi casa, me bajé del taxi que había tomado, las rodillas se me doblaron… y las lágrimas empezaron a salir sin control. Entré corriendo para que nadie me vea… pero el llanto que había aguantando por tanto tiempo… no paró.
Mi mamá golpeó la puerta de mi cuarto, preocupada… pero yo no podía parar de llorar… era un llanto que salía del alma… que soltaba al fin todo el dolor que había tenido que esconder por tanto tiempo. Le abrí la puerta, ella entró y me abrazó. Y yo lloré… no sé por cuánto tiempo… solo lloré.
Quería contarle todo a mi mamá, pero aún tenía miedo… aún no sabía cómo. Así que me callé y ese silencio me jodío la vida. Si hubiera hablado, si hubiese dicho todo lo que había pasado… tal vez hubieran encontrado una forma de ayudarme. Pero el miedo y las amenazas de irse contra mi familia, eran más fuertes.
Como les dices a tus papás que alguien te dañó, que te quitaron la paz, la fe, la felicidad… que te traicionaron y te botaron.. que te quitaron un hijo… que ya no podías perdonar. Cómo hablas con la verdad cuándo sólo había silencio y dolor. Cuándo sólo querías morirte… La respuesta era simple, hablas y ya. Pero no lo hice. Me callé… y me mantuve por años callada. Y eso le hace daño a tu alma…
El día que me iba, antes de subir al avión… lo llamé. Quería oír su voz. Que me dijera por qué me había dejado el anillo en mi casa… queria decirle que venga conmigo… pero no contestó. Nunca más contestó. Y yo nunca más volví a llamar. Y así dijimos adiós… sin nunca decirlo.
