En todos mis años de profesional, he vivido todo tipo de experiencias… buenas y malas. Como a todos nos pasa, las cosas se dan y brillas o te vas de trompa al pavimento… o te empujan.
Esas experiencias te van cambiando, porque según lo que va pasando… la balanza se va yendo hacia lo bueno o hacia lo malo. La realidad, te revienta la burbuja, y te lanza a ver a un mundo que da vergüenza y dejas de creer que puedes crear la utopía por la que vienes luchando por años a partir de un legado que tienes tatuado en el alma.
Es como querer un mundo mejor, y te lo has currado desde que tienes memoria… para que venga un ser y te arranche esa luz que ha guiado tu carrera… Obvio se siente feo cuando alguien a quién ni conoces, pero por quién has trabajado por muchísimos años DEJÁNDOLO TODO, y haciendo todo lo que está en tus manos y más, sacrificando todo, y no solo lo haces bien sino que apuntas a que sea más que mejor…
Has dado por años tu servicio con alma, corazon y vida…y de la nada te trata sin una gota de respeto, o profesionalismo; con la prepotencia y el ego que algún día seguramente serán su propio karma.
Nadie es perfecto. Errores se cometen. Pero también los problemas se solucionan, porque siempre hay algo más importante. Hay situaciones delicadas donde no cabe el ego, y sí que se haga bien el trabajo.
Uno vive y aprende que la gente es como quiere ser, se suben a su pedestal, o se caen… y tarde o temprano todos caemos. Pero la paz de una conciencia tranquila, de años de trabajo bien hecho, de la de hacer el mundo un mejor lugar, empezando por nuestro país, pesa más.
Nadie se va a sacar más el aire que nosotros… haciendo el trabajo con la frente en alto porque lo nuestro no solo es convicción, es legado, es nuestra historia y eso se lleva en la sangre… y es la responsabilidad de producir sin contaminar. De crear un mundo mejor y limpio.
Así que de la fea experiencia, me quedan solo cosas buenas que están a la vista no solo como persona o gerente, si no en la empresa en la ć