Hace tiempo que no escribía,  pero creo que hoy es necesario. 

He pasado mucho tiempo sola, como dicen por ahí con mi «energía masculina»  a tope, enfocada en el trabajo y mi hijo.   En ser cuidadora, de quien se cruce frente a mí, menos de mí.  Supongo que  me tome en serio eso de ser la mamá de los pollitos. 

Durante un buen tiempo me he estado preguntando ¿para qué?  Para qué trabajar tanto, para qué  ayudar,  para qué creer en el amor, para qie dar una oportunidad o dis o tres lo que tu quieras,  lo que te pida el corazón… ups me perdi un ratito en «Hombres  G»;  y sobretodo para qué perseguir un propósito.

El punto bueno es que ya la pregunta cambió del por qué me pasa a para qué pasa. 

Y es que va a seguir pasando, si vuelco todo mi corazón,  tiempo,  recursos hacia otra persona y me olvido de lo más importante, mi felicidad.

Cuántas veces nos enfocamos en ayudar a otros;  descuidando a la persona más importante:    A uno mismo.  

Y sea la verdad dicha…das y das y das… y das tanto a quiénes no lo necesitan, no lo valoran, no lo quieren o solo lo aceptan sin una «obligación de reciprocidad»  y te vas vaciando. 

 Ya no quiero eso.  Durante mi tiempo de «soltera», encontré una paz que no sentía antes.

Durante mi tiempo en pareja,  doy nas de lo que recibo, o al menos esa era mi percepción. Pero doy porque me nac/at

/T

e, y aunque no tengas expectativas… al final si las tenemos. 

Con el tiempo esperamos madurez, un puso firme para no andar sacudidas dual «Rafael?

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