ACUÉRDATE DEL PAN

ACUÉRDATE DEL PAN
Revista EKOS 2005

«….Mi papá vino a mi cuarto, como un niño chiquito se trepó en mi cama y empezó a contarme que cuando el tenìa doce años, y su tío Lucho estaba quebrado, les había invitado a tomar cafè.

Dice que en esa época había unos panes de dulce en forma de S, y que en la mesa había pocos. Todo el mundo comió el pan, menos mi papá. Entonces la tía mandó a comprar más panes, y todos los invitados comieron de dos a tres panes, menos mi papá.

Cuando ya se iban, la tía fue la única que comprendió su gesto, entonces le dio una pasta y le dijo ‘acuérdate del pan’ ….»

Tomado de «Acuérdate del Pan» publicado Revista Ekos escrito x Belén Avila

10 semanas

10 SEMANAS

La vida no se detiene. Lo que tiene que ser, es. Lo que no, suelta.

Miles de preguntas aún me dan vueltas por la cabeza… miles de porques. Los típicos «what if»: ¿si le hubieran hecho un TAC con contraste a tiempo? ¿si los de la huelga nos hubieran dejado pasar? ¿si le hubieran atendido más rápido?¿si le hubieran controlado el dolor? ¿si le hubieran puesto el stent en Cleveland? ¿si yo me hubiera dado cuenta antes? Los «what if» son demasiados. Y no importan. Porque no son. No fueron. Ni se pueden cambiar.

Son 10 semanas sin mi mamá. 10 semanas sin escuchar su voz. Sin su fuerza… sin su fe… sin su presencia. Sin los almuerzos de los martes. Sin la llamada diaria… sin las conversaciones a veces tan simples y llenas de risas… y otras tan complejas y existenciales que eran solucionadas con un «chulla vida, ten fe, un momento a la vez o lo vamos a resolver juntas»

Son 10 semanas y hay una sola cosa que no me cuestiono… y es que estuve con ella siempre, viajé con ella, recé con ella, le acompañé, no le fallé… le sostuve y le cuidé… como ella un día me sostuvo y me cuidó a mí.

Nuestras últimas conversaciones fueron llenas de instrucciones, de amor, de fe, de sanación y de paz. Ella me dijo que estaba en paz y lista… y le creo. Estaba lista.

Cuando me dicen que me ven bien, que me ven fuerte y que les gusta la mujer en la que me he convertido… lo único que tengo en el alma es agradecimiento.

Gracias mamá, aún me quiebro, aún lloro, aún me duele; pero también sé que la vida sigue, que uno no debe aferrarse a nada, que se suelta y se sigue… y se vive hoy con alegría y con fe.

Zapatos olvidados

Revisando que todo quede todo listo, limpio, guardado… me encontré con los zapatos de caminar de mi mamá. La última vez no los usó mucho y se le olvidaron.

Aquí en esta casa, en la playa, siempre fuimos felices. Papi… el fue tan feliz aquí… aún me acuerdo cuando escogimos en planos el departamento y la ilusión que tuvo cuando nos lo entregaron(a pesar de que les faltó un piso). Mami, ella fue tan feliz aquí. Cuando veníamos y todos éramos solteros. Y venían los amigos… y nos quedábamos en la playa desde la mañana y subíamos cuando ya iba a atardecer. Después, era como que aquí se sentía más cerca de papi… más cerca de todos a quien amaba y por alguna razón ya no estaba… se sentía más cerca de ustedes.

Aquí, en la playa, pasamos tantas veces su cumpleaños. Una sola vez, desde que falleció papi nos quedamos en Quito y fue tan triste… que juramos siempre pasar el 31 aquí.

No saben como soñaba verles aquí a todos sus hijos y a sus nietos celebrando su cumpleaños. Saben, ella nos adoraba.

A ella nunca le enseñaron a demostrar amor… no sabía cómo… paso tan sola su infancia… siempre siendo responsable… siempre siendo fuerte. Creció sin el abrazo de su padre, ese que le dijo bastarda. Creció con la familia que le dio mi abuelo, el doctor gringo, ese que le dijo hija. Aquí la vi llorar… la vi reírse… la vi renacer tantas veces. En cada cumpleaños ella renacía.

La última vez no usó mucho sus zapatos de caminar. Si vio a sus nietos jugar juntos… y no demostró el dolor físico que sentía frente a nadie más que a mi. Dijo que sólo yo entendía.

Cuando nos íbamos… estaba tanta gente afuera del departamento, los conocidos de siempre (estaban por lo del lío del cambio de administración y el agua). Ahora que lo pienso, fue como si hubieran hecho una calle de honor y mi mamá parecía Alcalde despidiéndose de todos con una sonrisa y abrazos (ella nunca abrazaba).

Estos días me he cruzado con algunos y todos me dicen que mi mamá, aquí, fue siempre feliz.

Sí, somos felices aquí les dije… y me abrazaron.

CUANTO AMOR

Si cierro los ojos puedo recordar claramente lo que se siente tener el corazón, y sobretodo el alma, completamente rotos y respirar con la certeza de que no hay esperanza. Un estado absolutamente melodramático y real.

Ahora, con el transcurso del tiempo… puedo respirar y sentir amor. No. No hay una sobredosis utópica en el aire. Es lo que es. Entre el miedo y el dolor; la soledad y la lucha diaria; la indiferencia y la mentira… fui descubriendo que dónde hay vida, hay muerte… son causa y efecto y por lo tanto complementarios. Sin lo uno, no hay lo otro.

He ido aprendiendo que en cada cosa que pasa, se puede encontrar el más grande dolor y al mismo tiempo amor, bondad, luz y paz.

Tal vez esto sea culpa de mi hijo. Él es la alegría bandida, llena de luz, con patas super sónicas y sin manual de instrucciones. O de mis hermanos, que son ahora positivamente incondicionales. O de mi mamá, la fuerza amorosa más poderosa que he conocido. O de mi prima de ojos verdes que pasó de ser la chiquita a quien algún momento mimé y apoyé a ser mi mayor cargo de conciencia porque creo que le fallé y no estuve cuando debí estar, para luego ser el ángel que me enseñó a vivir lo que te toca vivir, sin perder la fe… sin dejar de sonreír. O por él y su amor… simple, completo, sin dudas… sin miedos. Simple amor.

No hay culpables, sólo crecimiento y un cambio en la manera en la que se ve y se siente la vida como parte del proceso. Porque nada es tan grave… sea bueno o sea malo, no dura para siempre, por lo tanto hay que seguir y vivir… pero vivir en medio del amor.

Si cierro los ojos puedo sentir «lo malo». Pero si también abro el alma, me llena, en todo sentido, el amor.

Por Belén Avila

Con el tiempo, las piezas se van ubicando en el lugar al que pertenecen (por este momento) y aprendes que tal vez ese lugar cambia, y al cambio es mas fácil adaptarse que pelearle.

Hace tiempo que te sientes orgulloso de ti mismo, de tu camino y todo lo que has vivido. Dejaste de culparte de todo y tampoco permites que te culpen o ya no importa. No importa lo que dijeron o dicen… o dirán. Ya no importa lo que hiciste o te hicieron. Todo se va quedando en el olvido, y es ahí donde pertenece.

Perdonas y sanas… sin darte cuenta; y más importante aún, te perdonas. Las culpas se acaban. Lo que fue, ya fue. Bueno o malo, la elección y la lección ya están marcadas. Sueltas.

Ahora vives, vives en el momento lo que es… es tu sonrisa, el brillo de esa mirada, la paz, ese beso, el chocolate y la ensalada, las lágrimas, el hueco en el estómago, la música, el miedo, tu fuerza llena de dulzura y viceversa, es la convicción de saber que puedes porque eres brillante y que tu luz ilumina, que eres bueno en tu trabajo y buenísimo en sonreír solo con ver a quien amas.

El amor no hace daño, el amor no se va, en el amor no hay límites, al contrario vas mucho más allá porque te impulsa. Cuando otros te juzgan o lastiman… no lo hacen a través del amor sino de su miedo, y ese ya no es tu problema. Vivir no es un problema… es decisiones y fe.

Ahora eres y sigues… porque la única manera de avanzar es haciendo. Estás en «modo» evolución. Ves las estrellas, te enamoras de la luna y paras todo solo para ver el atardecer. Vuelves a amar tus pecas, te gusta como te luce ese jean y el sabor de un buen vino.

Te sorprendes a ti mismo, ya no eres el de antes pero eres tú mas que nunca. Das las gracias y sigues con una mirada pícara y una sonrisa que viene del alma.

Autor: Belén Avila

CUIDADORA DE SUELAZOS

A muchos la vida les pone el pie y les empuja… solo para ver como se caen y lo más importante, como se levantan.

Unos caen parados, como si tuvieran sangre de gato. Otros han aprendido a caer, así que cual karateca entrenado caen «redondito» y no paran… solo hacen maromas y de alguna forma terminan parados y siguen caminando.
Otros, menos experimentados, en esto del beso asfáltico… caen tan estrepitosamente que se quedan fusionados con el piso, tratando de recobrar el aire. Otros solo caen. Unos ponen las manos primero. Otros la jeta.

En esto de los «estilos» del suelazo, algunos tenemos una larga experiencia. Nos caemos: de jeta, de panza, de rodillas, de espalda, de ladito, de cabeza, con manos, sin manos, ojos bien abiertos, ojos cerrados, piruetita, con trampolín, de espaldas, torcida de tobillo, etc

Lo bueno de la experiencia en los suelazos a los que te empuja la vida, es que aprendes, cambias, creces y te levantas.

Este año el levantarse es un reto. No todos tenemos la bendición de aún contar con un equipo de cheerleaders que te dan la mano incondicionalmente. No todos tenemos ese grupo de amigos con los que se puede contar. O esa familia, que pase lo que pase te va a tomar de la mano.

Los «amigos y una parte de la familia», a veces toman distancia del «sueleado». Vayan a suelearse ellos también. Y no vale que nadie te vea en el piso o dándole una mano al que se fue de jeta. Vaya a ser contagioso…

En esta Navidad, no va a estar la persona que cura el suelazo con un besito en el ayayay. Esa que te cuida, te guía, te bendice y sobretodo te da donde te golpeaste para que aprendas y ahora sí llores por algo.

No va a estar, quien ha visto todos mis estilos de suelazos y con mertiolate en mano, curó mis heridas a punte amor y cáscara de huevo para que no quede cicatriz.

No va estar quien curó los primeros suelazos de mi hijo… solo que a él no le daba encima para que aprenda, sino que le abrazaba, le daba dulces, y de una forma genial le iba arrastrando por el piso en una sábana… jugando al avión que volaba rapidísimo. Y eso si me daba a mí por si acaso se vuelva a caer el guagua.

A veces siento el calor de su amor dándome fuerza para levantarme de este suelazo. Dicen que cuando pierdes a tu mamá es el dolor más grande que vas a sentir… algo comparado solo a cuando una mamá pierde a su hijo.

A veces lloro… por que extraño su presencia… y lo único que puedo pensar es GRACIAS.

A veces sonrío porque siento su presencia en cada detalle de la casa donde crecimos, y cuando mi hijo me dice extraño abuelita y está en mi corazón.

Todos tenemos la certeza de que si nos caemos… mamá va a estar ahí para cuidarnos. Este año aprendimos que no hay planes ni certezas. Que hay este momento. Que las flores se dan en vida. Que acompañar es el mejor regalo.Y yo aprendí a agradecer cada segundo que tuve con mi mamá y que mi hijo tuvo con su abuelita.

Cuando te pegas suelazos hay un momento de dolor en el que te preguntas cómo vas a sobrevivir… y de una u otra manera se nos escapa un «mamita ayuda» y es que es oficial que las mamás son oficialmente las mejores cuidadoras en caso de suelazos.

Mi «cuidadora» está en el cielo con el amor de su vida… mi héroe, mi papá. Y sé qué está sensación de calor constante en mí, además de ser la pre menopausia, es el amor de mis papás y una voz eterna me dice que todos esos suelazos y cicatrices fueron la manera de prepararme para ser la nueva «cuidadora de suelazos»

Dupleta

La primera vez que vi Star Wars fue con mis papás… y la segunda y la tercera y así…. hasta hoy que la vi la IX con mi hijo.

Mi papá era un amante de la ciencia ficción. Y mi mamá, le amaba a mi papá, así que le acolitaba a la dupleta con set de guaguas y sánduches de Don Soto.

Fue mirando esas películas con ellos que descubrí la magia de la animación, los efectos especiales, el CGI, mi profesión frustrada de astronauta y la frase que le retorcía a mi papá y le ponía trompudo: «para que voy a leer el libro, si ya salió la película».

Aunque eso no era la verdad, amo leer… y muy pocas veces las películas superan el poder de la imaginación de una niña a la que le leían Julio Verne antes de dormir

Cuando se acabó la película, con mi hijo tomando mi mano, y a pesar de tener una sonrisa casi del mismo tamaño que la de los lentes 3D, sentí el corazón aplastado… y una loca sensación de incertidumbre.

Era obvio que una etapa de mi vida se había terminado. Las lágrimas no se hicieron esperar (últimamente ando con complejo de grifo… mal cerrado)

Este 2019 puso el punto final a muchas de las historias con las que crecí y con eso una etapa de mi vida se cerró.

Que la fuerza nos acompañe…

Star Wars

La primera vez que vi Star Wars fue con mis papás… y la segunda y la tercera y así…. hasta hoy que la vi la IX con mi hijo.

Mi papá era un amante de la ciencia ficción. Y mi mamá, le amaba a mi papá, así que le acolitaba a la dupleta con set de guaguas y sánduches de Don Soto.

Fue mirando esas películas con ellos que descubrí la magia de la animación, los efectos especiales, el CGI, mi profesión frustrada de astronauta y la frase que le retorcía a mi papá y le ponía trompudo: «para que voy a leer el libro, si ya salió la película».

Aunque eso no era la verdad, amo leer… y muy pocas veces las películas superan el poder de la imaginación de una niña a la que le leían Julio Verne antes de dormir

Cuando se acabó la película, con mi hijo tomando mi mano, y a pesar de tener una sonrisa casi del mismo tamaño que la de los lentes 3D, sentí el corazón aplastado… y una loca sensación de incertidumbre.

Era obvio que una etapa de mi vida se había terminado. Las lágrimas no se hicieron esperar (últimamente ando con complejo de grifo… mal cerrado)

Este 2019 puso el punto final a muchas de las historias con las que crecí y con eso una etapa de mi vida se cerró.

Que la fuerza nos acompañe…

Crecí en una familia de valientes. De esos que creían que en donde comen dos… comen tres.

Crecí entre gente con alma buena, familia que no era familia pero que aún son mis » primos» y «tios» escogidos por la vida. Tuve la bendición de ver a mis abuelos cumplir 50 años de casados. Y el dolor de ver partir a mi padre y a mi madre mucho antes de cumplir 50.

Crecí entre canciones, paseos, novenas navideñas, chocolate caliente, fundas épicas de caramelos, juegos y risas… sobre todo risas.

Es raro pero no recuerdo los regalos… recuerdo los momentos.. esos momentos con la familia de sangre y la familia de alma.

Esta va a ser nuestra primera Navidad solos. Y aunque duele… mi deseo para esta Navidad es darle a mi familia en especial a mis sobrinos e hijo… esos recuerdos llenos de sonrisas y amor… esos momentos que se te clavan en el alma… y a pesar del «hueco» que dejaron esas sillas que van a estar vacías… quiero recrear la magia con la que crecí…

Por la magia en esta Navidad
La primera solos
La primera construyendo nuevos recuerdos

Crecí en una familia de valientes. De esos que creían que en donde comen dos… comen tres.

Crecí entre gente con alma buena, familia que no era familia pero que aún son mis » primos» y «tios» escogidos por la vida. Tuve la bendición de ver a mis abuelos cumplir 50 años de casados. Y el dolor de ver partir a mi padre y a mi madre mucho antes de cumplir 50.

Crecí entre canciones, paseos, novenas navideñas, chocolate caliente, fundas épicas de caramelos, juegos y risas… sobre todo risas.

Es raro pero no recuerdo los regalos… recuerdo los momentos.. esos momentos con la familia de sangre y la familia de alma.

Esta va a ser nuestra primera Navidad solos. Y aunque duele… mi deseo para esta Navidad es darle a mi familia en especial a mis sobrinos e hijo… esos recuerdos llenos de sonrisas y amor… esos momentos que se te clavan en el alma… y a pesar del «hueco» que dejaron esas sillas que van a estar vacías… quiero recrear la magia con la que crecí…

Por la magia en esta Navidad
La primera solos
La primera construyendo nuevos recuerdos