Que infantil e inmadura me siento, sin el valor para subir las gradas qué llevan al cuarto de mis papás. He pasado 3 días mirando las gradas, esquivando ese camino de subida, por que sé lo sensible que estoy este momento y la idea en mi cabeza decretado por años de que ser vulnerable o llorar es malo… es ser débil… es ser o «hacerme» la víctima.
No es miedo, es ese algo que a pesar del tiempo, aún te hace falta. Aunque ya tengo paz al aceptar que mis papás ya no están y que se fueron demasiado rápido… y que están en un mejor lugar; aún me siento aquí en esta mesa y espero verlos bajar cualquier momento; y ver sus sonrisas y sentir esos abrazos cálidos y seguros, que sólo ellos me han dado. Y que ahora, yo intento, darle esos abrazos de oso, una y otra vez a mi hijo (aunque el ya es mucho mas grande que yo).
Ya estoy en la etapa de la «madurez», con la cabeza y el alma en un constante camino de cambios, aprendizaje y sanación. Aprendí a poner límites, aunque cuesta. Porque te enseñaron a obedecer o a que tu criterio siempre esta equivocado para alguien, cuandoes simplemente tuyo.
A veces estoy en mi «mundo konitos o en mi otra realidad»; que antes era una frase que tenia como objetivo lastimarme, un insulto, o yo lo percibia como eso, una forma de minimizar mi trabajo, mis sentimientos y pensamientos, mi experiencia de vida; que ahora me hacen seguir adelante… seguir subiendo las gradas.
Ahora, ahora ese «mundo», que es solo mío… se ha vuelto mi realidad y mi paz, donde mi creatividad evoluciona, donde no tengo edad, sino sueños, y alegría y ganas de vivir y recuperar todo lo que me perdí, donde escondo mi lucha como mamá de un adorable neurodivergente… y tambiénmis lagrimas; o como una mujer sensible que ha aprendido a mantenerse a un lado y respetar, así no este de acuerdo, porque no puedo y ya no quiero controlar nada, asumir nada, crearme novelas mentales que solo me afectan a mí. Cada uno hace su camino, vive sus experiencias, y por mas terribles o hermosas que sean… pasan. Todo pasa. This too shall pass.
Ya logré subir las gradas, un paso a la vez, a veces firme, a veces alegre, a veces con dolor… miles de sensaciones en tan poco tiempo; y estoy aquí sentada en medio de mis recuerdos, y de mi lugar feliz. A donde vengo a sanar…
Cuando ver las noticias, con guerras, desaparecidos, terremotos, inundaciones, o la cantidad absurda de mujeres violadas y asesinadas o niños abusados, o los asaltos, o simplemente la violencia con la que nos «chateamos» y publicamos; y nos tratamos y hasta trabajamos a diario… evitando mirar a los ojos o escuchar una voz, porque da miedo; entonces vengo aquí, a mi mundo de paz, de color azul, de abrazos y risas, donde puedo crear recuerdos… mis nuevos recuerdos… que le quitan el dolor a los que me hicieron una víctima más, que no importaba o que era la que tenía la culpa. Ahora, el subir las gradas, me trae a vivir en el presente… como puedo… con lo que tengo y a quien quiere estar a mi lado y no como otros quisieran viva o que haga las cosas.
Siento paz, una fuerza que a veces se pierde y me toca acudir a mis ángeles y a esa historia que me cambió, para poder pararme de nuevo y a pesar de todo, seguir adelante.
Muchas veces nuestro peor enemigo es lo que pensamos que están pensando de nosotros. No la simple realidad de un «let them» y de vivir en gratitud.
Es momento de salir de aqui, y de ir a vivir las experiencias que puedo… y gozarla al máximo, porque si algo me dejaron de leccion las personas que estaban siempre aquí arriba, es que la vida es corta… y que hay que seguir sin expectativas, sin reclamos, sin victimismo, aunque a veces toca llorar, despedirse, y seguir.
Gracias por este lugar, y gracias por la energía que dejaron… que esta llena de sol, agua, y paz.
Les extraño siempre, con gratitud y alegría, y a veces con miedo de subir las gradas.
Por Belén Avila
Agosto 2026
